Soy profesora. Mis palabras deben seguir un patrón conexo y regularizado, ya que no es propio de una educadora estropear el bello conocimiento con suciedad léxica.
Sin embrago en esta interminable maraña de actividades e interacciones que llamamos vida, es muy difícil mantener el temple ante lo que nos daña y está escondido en nuestro interior. Ante toda regla o protocolo, es difícil renunciar a ser humana.
En esta ocasión he decidido "Vaciar" mi bolso interno de todas aquellas frases que se agolpan en mi garganta y jamás salen de ella...Esto dentro del marco de la nueva modalidad que ha adoptado un grupo de compatriotas de lanzar a la web videos con "lo más típico de". "42 Frases típicas de"... etc.
Dejo con uds. Las frases menos típicas de Kote Caos. (Adornadas con "Kopros" por supuesto)
1- ...Tu mujer se puso fea. está vieja, deforme, todo se le ha caído...y sigue teniendo cara de travesti....ahora más que antes.
2- ¡Escriba luego por la mierda...me enferma su lentitud!
3- ¡ Camine...camine...muévase!...
4- No sea Ahuevonado!!!!!
5. ¿Cómo no va a ser capaz de entender una huevada tan fácil?!
6- ¡ Cállate Concha de tu madre!!
7- Igual me fijaría en ti...tienes algo.
8- Me pregunto cuándo se irá a morir este hijo de perra...
9- Y si no se quieren...¿para qué mierda están juntos?
10- A la mierda contigo.
11- Puta la huevada...
12- Esta tipeja tiene cada día más plata...Y sigue siendo igual de huevona..
13- Si para ti todas son perras que no te importan...entonces...¿por qué tienes una con collar y placa?
14- Me indigna...¡¡esta huevada me indigna...!!
15- Tu rango alto y tu sueldo suculento no te hacen mejor persona...eres tan imbécil como yo.
16- Quiero un hombre que me elija de entre las demás, me regale flores, viajemos juntos, se haga el lindo, sea cortés, educado, paciente...y finalmente me lleve a vivir a su casa y no se separe nunca más de mí aunque me ponga vieja y fea.
17- No me importa que no me quieras...no se puede sufrir por algo que nunca se ha tenido.
18- Hay personas que deberían estar muertas.
19... Aléjate de mí, estorbo.
20- ¡Sácate la máscara de una maldita, puta vez!
21- No me diga huevadas que en realidad no siente...después igual hará lo que quiera.
22- No sé si eres estúpido, imbécil o idiota, no logro captar tu nivel de CI.
23- Deje de hablar lento carajo!!
24- Si fuese más alta y maciza...te mandaría el combo aquí mismo...
25- Lárgate...por favor lárgate...
26- Cállate...por favor...cállate...
27- Eres una mierda de persona.
28- Ohh..¿y esta preciosura?
29- Wow...Este está desahuciado...tan enfermo de rico que no tiene remedio...
30- Me da una rabia...porque todas las huevadas me cuestan más que al resto...
31- Váyanse a las rechuchas...todos.
Paisajes Emocionales.
viernes, 25 de mayo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
Helen Keller y un flashback necesario.
"¡¡Kotéeee...mira, ven!!" La voz de mi madre resonaba el pie de la escalera.
Bajé curiosa para ver su dedo apuntando hacia el televisor.
Y allí estaba. Un reportaje sobre uno de los dos colegios para niños ciegos que existen en Santiago: Helen Keller. Cuando uno escucha ese nombre y no está familiarizado con el tema, tiende a creer que se trata de alguna señora millonaria que lo construyó por beneficencia. Sin embrago, detrás de él, se esconde la historia de una escritora sordo-ciega que aprendió a comunicarse usando sus manos. Se destacó por sus textos autobiográficos y por recorrer muchos lugares dando charlas acerca de la discapacidad.
El colegio lleva su nombre en forma de homenaje.
Comencé a observar las imágenes del reportaje y de pronto, una avalancha de recuerdos invadieron mi mente: El ver los pasillos, ventanas, escaleras, trajo a mí una serie de sensaciones, algunas de ellas ya olvidadas: El olor de las salas de clases...de la cocina... las sesiones de violín de los días Martes, mis manos jugando con los pianos del salón...El equipo de Goalball* de los niños grandes...
Fui muy feliz en ese lugar. Ingresé a los 5 años a cursar Kinder, debido a que en el colegio donde había cursado el año anterior, y por unos anteojos mal recetados, me habían expulsado argumentando que yo no estaba apta para estudiar con niños normales. (Y cómo no, si andaba chocando con todo!!)
Estuve sólo un año en Helen Keller, pero aprendí cosas para toda la vida. Las clases sensoriales desarrollaron mis otros sentidos, el compartir con niños discapacitados me hizo mas empática a la diversidad y más sensible al dolor ajeno. Ver cómo ellos eran tan capaces y auto-suficientes me dio el coraje para pararme y exigir derechos en una escuela normal el año siguiente...y todos los años siguientes.
Recordé esas mañanas con mi mamá en la micro, camino a clases con mi morralito amarillo. Y las muchas veces que las tías me disfrazaron de distintas cosas y tuve que representar audicuentos. El colegio era pagado, pero los alumnos de escasos recursos como yo teníamos benefactores anónimos que corrían con gran parte de los gastos. Después comencé a irme en furgón escolar con esa ayuda.
Y el día en que la directora nos dijo que no podía seguir ahí, porque quitaba el cupo a un niño ciego estando totalmente capacitada para la vida normal, hice mis buenos pucheros y me fui a casa con mi corazón de niña oprimido. No sabía lo que me esperaba.
No entendía que lo que ella me quiso decir en ese momento era que me estaba graduando, que el proceso ya estaba completo para mí.
...
Sentada en el sofá con mi madre viendo la tele, comencé a llorar sin parar y un sentimiento de alegría extraño me recorrió. Miré hacia el lado...Y ella también estaba llorando.
*Goalball= Juego paralímpico de pelota similar al fútbol que utiliza un balón relleno con cascabeles y se juega de sólo 3 personas por equipo. El balón no se lanza por el aire, sino que debe rodar por el piso y los jugadores intentar evitar que toque su portería. Se juega con las manos. Fue inventado en Alemania para los soldados discapacitados por la II Guerra Mundial.
domingo, 26 de febrero de 2012
Gaspar.
Conocí a Gaspar hace una semana. Llegué a casa de mi abuelita un día y él estaba sobre el tejado, contemplando los árboles.
Trepé en una silla y me asomé. Sus ojitos celestes me observaron mientras profería un lánguido maullido. Intenté tocarlo pero sus manitos me contuvieron. Tenía las uñas escondidas y comenzó a tomarse de mis dedos con calma y curiosidad. Yo me quedé ahí, admirando su figura delgada, blanca y pequeña, de grandes orejas.
De lejos asemeja una rata de laboratorio gigante. Pero de cerca su carita me inspira una gran ternura.
Ya nos hemos hecho amigos. Cuando me siento en algún sitio, viene y salta sobre mis rodillas. Yo acaricio su pelaje mientras le hablo suavemente como a un niño. Entonces me mira y parece sonreír con agrado.
Yo debería odiar a los gatos.
A ellos les debo el grave problema visual que me aqueja desde antes de nacer. Se trata del Toxoplasma de Gondii, parásito protozoico que se alimenta de células. En mi caso, de las células de mis retinas. Mi madre lo contrajo durante el embarazo debido a su estrecho contacto con los gatos. He sufrido diversas complicaciones durante mi vida, odiosas revisiones médicas, incómodos exámenes y molestas cirugías. Sin embrago, el mal no tiene cura. Todo es protocolar y preventivo.
Y miro los ojitos de Gaspar y me es imposible sentir odio por él o por ningún felino. Son admirablemente hermosos.
Hace poco leía en la web un artículo sobre la Toxoplasmosis, que narraba los hallazgos realizados por científicos de Oxford. Uno de ellos es que debido a cierto "tropismo" presente, genera modificaciones en el ph y preferencias de su portador, produciendo una gran empatía hacia los felinos. Especialmente el gato.
¿Será esto lo que me sucede?
¿Estaré siendo manipulada por este huésped indeseado que cargo desde el vientre de mi madre?
...
Según los expertos ya está comprobado: Se han hecho experimentos con ratas portadoras que al ver al gato, se han quedado allí, esperándolo en lugar de huir.
Francamente, me es extraño saber estas cosas. siempre creí que me gustaban por su belleza y carácter.
Pero si es así o no...no tiene ninguna incidencia en mi vida.
Seguiré sentándome en el jardín de la casa de mi abuelita, con Gaspar en mis piernas, hablándole con cariño mientras disfrutamos de la brisa de los árboles.
Trepé en una silla y me asomé. Sus ojitos celestes me observaron mientras profería un lánguido maullido. Intenté tocarlo pero sus manitos me contuvieron. Tenía las uñas escondidas y comenzó a tomarse de mis dedos con calma y curiosidad. Yo me quedé ahí, admirando su figura delgada, blanca y pequeña, de grandes orejas.
De lejos asemeja una rata de laboratorio gigante. Pero de cerca su carita me inspira una gran ternura.
Ya nos hemos hecho amigos. Cuando me siento en algún sitio, viene y salta sobre mis rodillas. Yo acaricio su pelaje mientras le hablo suavemente como a un niño. Entonces me mira y parece sonreír con agrado.
Yo debería odiar a los gatos.
A ellos les debo el grave problema visual que me aqueja desde antes de nacer. Se trata del Toxoplasma de Gondii, parásito protozoico que se alimenta de células. En mi caso, de las células de mis retinas. Mi madre lo contrajo durante el embarazo debido a su estrecho contacto con los gatos. He sufrido diversas complicaciones durante mi vida, odiosas revisiones médicas, incómodos exámenes y molestas cirugías. Sin embrago, el mal no tiene cura. Todo es protocolar y preventivo.
Y miro los ojitos de Gaspar y me es imposible sentir odio por él o por ningún felino. Son admirablemente hermosos.
Hace poco leía en la web un artículo sobre la Toxoplasmosis, que narraba los hallazgos realizados por científicos de Oxford. Uno de ellos es que debido a cierto "tropismo" presente, genera modificaciones en el ph y preferencias de su portador, produciendo una gran empatía hacia los felinos. Especialmente el gato.
¿Será esto lo que me sucede?
¿Estaré siendo manipulada por este huésped indeseado que cargo desde el vientre de mi madre?
...
Según los expertos ya está comprobado: Se han hecho experimentos con ratas portadoras que al ver al gato, se han quedado allí, esperándolo en lugar de huir.
Francamente, me es extraño saber estas cosas. siempre creí que me gustaban por su belleza y carácter.
Pero si es así o no...no tiene ninguna incidencia en mi vida.
Seguiré sentándome en el jardín de la casa de mi abuelita, con Gaspar en mis piernas, hablándole con cariño mientras disfrutamos de la brisa de los árboles.
viernes, 27 de enero de 2012
Analfabetismo musical.
Otra noche larga. Hoy he estado algo decaída y por recostarme unos instantes, terminé durmiendo toda la tarde, cosa que aún me tiene despierta a pesar de lo avanzado de la hora.
Esta semana he conocido al novio de una de mis alumnas que es ingeniero en sonido. Ha venido a mi sala a ofrecerme ayuda en la finalización de mi disco (Que por cierto y a falta de guitarra veía cada vez más lejos)
Ha hablado de un precio absolutamente razonable, que me ha dejado encantada.
Y comienza mi dilema de toda la vida. Mi analfabetismo musical. (nomenclatura que yo le he dado a mi ignorancia técnica y teórica de lo relativo a la música.)
Francamente me avergüenza mucho decir que a mis 28 años, no poseo dichos conocimientos. Pero más vergüenza aún me da reconocer y aceptar que sólo se debe a flojera: Material hay, textos en la web, videos tutoriales, mi trabajo se encuentra a pasos de las galerías de libros... Y mi vergüenza crece. Y crece más todavía cuando vienen las temidas preguntas..."Y en qué métrica están tus canciones?" "Y cuál es la tonalidad?" "Tienes listas las partituras?" "El material que tenes ha sido grabado por línea?"
Y yo me hago pequeña...Y con un hilo de voz respondo humildemente: "Ehh...sí, por línea, parece que la métrica es de 3/4, no sé hacer partituras y la tonalidad...la desconozco".
Entonces mi interlocutor sonríe amistosamente y musita un tranquilizador: "No te preocupes, lo veremos en el camino, yo te puedo explicar algunas cosas..."
Y comienza a hacer un esquema de lo que será el trabajo que se viene. Me explica por qué un mp3 es absolutamente inferior a un archivo en wav. Y yo almaceno todo en mi cerebro como un procesador de la mejor calidad. Así, pequeña, oyendo consejos y datitos útiles, voy tapando un poco mi analfabetismo y tomando de todas partes lo necesario para al menos no poner caras de pánico al escuchar alguna pregunta.
Agradezco con movimientos de cabeza y casi sin voz, mientras me imagino saliendo del edificio directo a comprar algún libro...
Y de pronto la puerta de la sala se abre y entra una alumna. Mi postura se eleva, reaparece mi voz, dejo de ser pequeña y exclamo muy tranquila y normal: "Good evening Lady"
...Y la hora de salir llega...salgo...cruzo la calle...y me voy feliz a la tienda...por un queque para llevar a casa.
Esta semana he conocido al novio de una de mis alumnas que es ingeniero en sonido. Ha venido a mi sala a ofrecerme ayuda en la finalización de mi disco (Que por cierto y a falta de guitarra veía cada vez más lejos)
Ha hablado de un precio absolutamente razonable, que me ha dejado encantada.
Y comienza mi dilema de toda la vida. Mi analfabetismo musical. (nomenclatura que yo le he dado a mi ignorancia técnica y teórica de lo relativo a la música.)
Francamente me avergüenza mucho decir que a mis 28 años, no poseo dichos conocimientos. Pero más vergüenza aún me da reconocer y aceptar que sólo se debe a flojera: Material hay, textos en la web, videos tutoriales, mi trabajo se encuentra a pasos de las galerías de libros... Y mi vergüenza crece. Y crece más todavía cuando vienen las temidas preguntas..."Y en qué métrica están tus canciones?" "Y cuál es la tonalidad?" "Tienes listas las partituras?" "El material que tenes ha sido grabado por línea?"
Y yo me hago pequeña...Y con un hilo de voz respondo humildemente: "Ehh...sí, por línea, parece que la métrica es de 3/4, no sé hacer partituras y la tonalidad...la desconozco".
Entonces mi interlocutor sonríe amistosamente y musita un tranquilizador: "No te preocupes, lo veremos en el camino, yo te puedo explicar algunas cosas..."
Y comienza a hacer un esquema de lo que será el trabajo que se viene. Me explica por qué un mp3 es absolutamente inferior a un archivo en wav. Y yo almaceno todo en mi cerebro como un procesador de la mejor calidad. Así, pequeña, oyendo consejos y datitos útiles, voy tapando un poco mi analfabetismo y tomando de todas partes lo necesario para al menos no poner caras de pánico al escuchar alguna pregunta.
Agradezco con movimientos de cabeza y casi sin voz, mientras me imagino saliendo del edificio directo a comprar algún libro...
Y de pronto la puerta de la sala se abre y entra una alumna. Mi postura se eleva, reaparece mi voz, dejo de ser pequeña y exclamo muy tranquila y normal: "Good evening Lady"
...Y la hora de salir llega...salgo...cruzo la calle...y me voy feliz a la tienda...por un queque para llevar a casa.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Tzantza: El misterio que nunca se revelará del todo.
Este sábado pasado me encontraba dando clases como de costumbre y, durante la hora del recreo, me quedé sola en el aula con una de mis estudiantes que es Ecuatoriana. Comenzamos a hablar de todo un poco y de pronto surgió el tema de sus coterráneos los famosos Shuar y su ritual del Tzantza o reducción de cabezas.
Le comenté que yo estaba al tanto de los orígenes y de la base general de dicho ritual, como también de haber visto un pequeño documental en el que la tribu era entrevistada y planteaba que eso era ya parte del pasado, a lo que mi alumna respondió con una cierta sonrisa misteriosa: "Aunque no lo crea ud. en mi país sigue existiendo mucha tribu que aún vive como en el pasado... Y que aún mantiene ciertas cosas...como esas".
Me quedé mirándola con cara de interrogante y ella agregó muy seria: "Mire...yo tengo entendido que el Tzantza ese lo siguen haciendo, aunque ná' más entre ellos, no a los extranjeros...porque para las tribus es muy difícil dejar ciertas cosas que están como tan arraigadas...si no usan ni ropa en algunos sectores, con eso le digo todo...o sea...usan una ropa especial, un atuendo".
Me quedé reflexionando al respecto y recordando que muchas personas han viajado a Ecuador a intentar resolver el misterio del Tzantza. Los Estadounidenses creen tener la respuesta total, pero no es así. Los nativos Shuar o Jíbaros (Nombre que les dieron los Españoles al llegar) se niegan a revelar (Hasta el día de hoy) la elaboración del agua con hierbas en la que proceden a la cocción de la cabeza, o más bien dicho, de la piel que le extraen a ésta en forma de saco y que incluye el cabello. No es la cabeza la que se reduce, sino la piel que es raspada, cocida, rellenada con arena caliente y quemada para formar esta especie de bolsa de forma humana, que solía ser llevada como amuleto para proteger al portador de tres entidades espirituales de su cosmovisión, principalmente de Muisak, espíritu de la venganza que podía, eventualmente, atacar al guerrero vencedor de la batalla si éste no se protegía como es debido...o sea, con este saco. Es por ello que los más antiguos que se han encontrado tienen estas tres espinas clavadas y cocidas en los labios como símbolo de sumisión del fallecido y en representación de cada uno de éstos seres místicos.
Durante el ritual, la piel ya sin ojos ni restos, era hervida durante unos 25 minutos para reducir su tamaño a la mitad y misteriosamente, no perdía el cabello durante dicha cocción. La ciencia moderna ha deducido que esto se debe a las hierbas usadas en el procedimiento, hierbas que hasta hoy, se desconocen.
Todo un semi secreto esto del Tzantza, pero aún así, no deja de ser interesante y si se sigue practicando o no, tampoco deja de ser un punto de inflexión en lo que conocemos como Globalización y pérdida de la herencia cultural....que al parecer y en algunas zonas del Globo...no se ha perdido tanto como se cree.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Las cadenas en el aire.
Me siento inadaptada en términos de sociedad. Miro a mi alrededor y veo cadenas por todas partes, y no precisamente de acero. Son imaginarias y la gente se ciñe a ellas de manera vertiginosa.
Esto me recuerda un video que vi hace un par de años, donde una pareja de hombres vestidos de overol simulaba cargar un gran cristal y las personas pasaban por su lado y lo esquivaban, convencidas de que estaba allí.
En cuestiones de pareja siempre he pensado que el problema está en las preposiciones. Se cree que el estar con alguien significa instalarse "Sobre" o "Bajo" el otro, cuando lo más inherente sería hacerlo "Junto".
Esto parece muy fácil de decir, pero no lo es tanto en la praxis. Cuando hablo de sobre o de bajo me refiero al grado de dominación que puede llegar a existir dentro de una unidad humana. Y también, por supuesto, al de permisividad dentro de la misma. Hay personas que literalmente posicionan su existencia sobre la del otro, pretendiendo tener un control no tanto de autoridad sino más bien de conocimiento minucioso del quehacer de éste. Esto incluye llamadas inoportunas para corroborar estado y situación geográfica, sentirse propietario de los bienes que posee, y claro está, del individuo mismo.
En el lado contrario nos encontramos con el caso inverso, o sea, alguien que se siente o cree sentirse debajo del otro, lo que se traduce como una poderosa necesidad de cercanía física no sexual ni amistosa sino más bien autoimpuesta, una constante demanda por atenciones y una fuerte dependencia existencial: (Escucho esta música porque tú la escuchas, hago obras benéficas porque tú las haces, me visto de negro porque a ti te gusta, etc) dejando de lado gran parte de su propio yo en estos eventos.
Cada día me convenzo más de que la gente se rige por reglas que ella misma inventa. Cadenas imaginarias de algodón pero cadenas al fin y al cabo... Y uno pregunta: ¿Por qué? y se le responde: Porque TIENE que ser así. Porque diseñé un patrón de conducta y debo seguirlo.
En mi caso particular, me siento inadaptada porque para mí todo esto es innecesario. Me es muy difícil darme a entender en estos ámbitos debido a que no sigo ningún patrón y la gente está demasiado acostumbrada a ellos. Si yo me relaciono con alguien, no dejo de ser yo, ni me encaramo sobre su vida. No soy buena para las llamadas ni para los controles, no me gusta revisar billeteras ni bolsillos, no doy órdenes porque me gusta la construcción en equipo y equipo es trabajo conjunto,...me basta con saber que una persona desea estar conmigo para sentirme complacida, ya que si no lo deseara, no estaría y punto; comparto gustos con el otro, pero no me adoctrino a ellos; no doy caricias de mascota en público porque no necesito demostrar nada a nadie y además porque hay momentos para cada cosa.
Y por último...no deseo casarme. ( Cadenas de papel) Mi mayor anhelo afectivo es tener un compañero que este "Junto" a mí... Y que cada uno tenga una vida propia lo más plena posible sintiendo que puede ser libre, pero verdaderamente libre. Sin cadenas, ni de algodón, ni de acero, ni de papel.
viernes, 7 de octubre de 2011
Las Ruiseñoras en las rosas.
Hoy, mirando un árbol distante, he recordado de pronto aquella historia donde un Ruiseñor, deseoso de ayudar a un poeta triste, entrega su vida tiñendo una rosa blanca de rojo con la sangre que emana de su propio pecho.
Sin duda el autor (Oscar Wilde) no estaba pensando en mujeres cuando redactó esas líneas, sino más bien en los cambiantes deseos volátiles de la gente frívola. Propio de su época de ocaso Victoriano.
Recordando la historia se me ha venido a la mente la idea de que las mujeres, a veces, somos como ese Ruiseñor y colocamos nuestro pecho sobre las espinas de un amor punzante y estático, que nos conduce a una agonía lenta de la cual parecemos sentirnos conformes e incluso expectantes como un sacrificio que, de alguna forma, nos hace sentir más valientes. Pero, ¿Por qué lo hacemos? ¿Cuál es el premio a tal acto? Bueno, a mi parecer, y por lo que he observado en el entorno y en mis años de adulto joven, lo que las Ruiseñoras buscan es simplemente teñir la rosa de rojo, como en el cuento. Se pretende impregnar al hombre de nuestro propio sentir, hacerle cambiar, hacerle ver de otro color y vertimos en ello como gotas de sangre. Dejar un pedazo de nosotras en su vida, sus costumbres, su forma de pensar y sus sentimientos.
El problema es que día a día muchas Ruiseñoras caen extenuadas, bajo los tallos de aquellas rosas que poseen tantos recovecos que sería técnicamente imposible teñir por completo o que ya han sido teñidas por esencias más fuertes. También existen algunas cuyos pétalos son naturalmente de un tono tan intenso que las gotas rojas parecen resbalar en un surco malva deslavado.
Y cuando la rosa se ha teñido de rojo, a veces han pasado años. Y tener ese logro a cuestas parece ser, aún en estos días desechables que vivimos, un mérito femenino digno de medalla, una condecoración a la fuerza de la personalidad y la feminidad. Bueno, sucede también que en ciertas ocasiones, una vez que se ha obtenido el tan ansiado resultado, el desgaste ha sido tan grande que ya se le ha perdido el sentido al asunto y sólo quedan las ganas de volar lejos y cerrar la herida para comenzar otra vez...quizás en otra rosa blanca.
Mi perspectiva personal de todo esto es que no deberíamos derrochar energías en cambiar a una pareja, porque sin darnos cuenta, podría irnos la vida en ello, además en estos días de hoy en los que las cosas parecen ser mucho más simples, debiéramos dejar de regirnos por los patrones arcaicos de dominación genérica. El amor no pasa por un tema de "ajustar" al otro a la propia medida, sino de buscar instancias y construir un vínculo que haga más placentera y holgada la existencia de ambos.
Sin duda el autor (Oscar Wilde) no estaba pensando en mujeres cuando redactó esas líneas, sino más bien en los cambiantes deseos volátiles de la gente frívola. Propio de su época de ocaso Victoriano.
Recordando la historia se me ha venido a la mente la idea de que las mujeres, a veces, somos como ese Ruiseñor y colocamos nuestro pecho sobre las espinas de un amor punzante y estático, que nos conduce a una agonía lenta de la cual parecemos sentirnos conformes e incluso expectantes como un sacrificio que, de alguna forma, nos hace sentir más valientes. Pero, ¿Por qué lo hacemos? ¿Cuál es el premio a tal acto? Bueno, a mi parecer, y por lo que he observado en el entorno y en mis años de adulto joven, lo que las Ruiseñoras buscan es simplemente teñir la rosa de rojo, como en el cuento. Se pretende impregnar al hombre de nuestro propio sentir, hacerle cambiar, hacerle ver de otro color y vertimos en ello como gotas de sangre. Dejar un pedazo de nosotras en su vida, sus costumbres, su forma de pensar y sus sentimientos.
El problema es que día a día muchas Ruiseñoras caen extenuadas, bajo los tallos de aquellas rosas que poseen tantos recovecos que sería técnicamente imposible teñir por completo o que ya han sido teñidas por esencias más fuertes. También existen algunas cuyos pétalos son naturalmente de un tono tan intenso que las gotas rojas parecen resbalar en un surco malva deslavado.
Y cuando la rosa se ha teñido de rojo, a veces han pasado años. Y tener ese logro a cuestas parece ser, aún en estos días desechables que vivimos, un mérito femenino digno de medalla, una condecoración a la fuerza de la personalidad y la feminidad. Bueno, sucede también que en ciertas ocasiones, una vez que se ha obtenido el tan ansiado resultado, el desgaste ha sido tan grande que ya se le ha perdido el sentido al asunto y sólo quedan las ganas de volar lejos y cerrar la herida para comenzar otra vez...quizás en otra rosa blanca.
Mi perspectiva personal de todo esto es que no deberíamos derrochar energías en cambiar a una pareja, porque sin darnos cuenta, podría irnos la vida en ello, además en estos días de hoy en los que las cosas parecen ser mucho más simples, debiéramos dejar de regirnos por los patrones arcaicos de dominación genérica. El amor no pasa por un tema de "ajustar" al otro a la propia medida, sino de buscar instancias y construir un vínculo que haga más placentera y holgada la existencia de ambos.
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