domingo, 23 de abril de 2017

Girasoles de óleo.


Hay algo mucho más allá de las palabras y la cognición misma. 
Existe un eje invisible que guía nuestros pasos en esta espiral desinhibida llamada existencia. 
El hermano más pequeño de mi madre ha dejado este mundo recientemente y yo me quedo con ese sin sabor de todas aquellas conversaciones diáfanas que ya nunca más tendremos. 
"Compaire Peiro", le saludaba yo en broma.
"Comaire Lola" Me respondía en el acto.
Los juegos de naipes, las tazas de té, las bromas y risas que se llevaba el viento, 
Los "almuerzos mágicos" como les llamaba él siempre y cuando cumplieran con algunos requisitos: Tallarínes blancos con bistec; pebre cuchareado; algo para beber (lo que fuera) y una buena compañía. 
Mucho discutimos, muchas veces. No le gustaba la sociedad, no le gustaba el protocolo, mucho menos la formalidad. Le gustaba en cambio, juguetear y hablar con las mascotas; pintar bajo la sombra de árboles grandes y leer a autores que le transmitieran consecuencia ideológica. 
Los artistas modernos no le convencían, a menos que fuesen suficientemente potentes y claros en sus mensajes como para despertar su curiosidad. 
Mucho discutimos... para bien y para mal. 
A veces me enojaba tanto su carácter libre de ambajes y afluente de gestos simples y despectivos, que pasaba días sin conversar con él. Nunca más de dos. 
Siempre terminábamos comentando la contingencia o alguna ideilla de soslayo que surgiera de la nada. 
Era un misántropo de primera línea.
Nunca duraba mucho en un empleo, porque los empleos intentaban encasillarlo, darle reglas o elitismos en los que no cuadraba. Era un observador de la sociedad y un critico desertor de los estatutos comerciales. 
Gustaba mucho del arte pictórico y poseía un extenso dominio de teoría y técnicas que aderezaba con ideas propias. Inventor del "óleo del pobre" como llamaba a una mezcla de témperas, cola fría y su ingrediente secreto (que se llevaría a la tumba) el cual esparcía en sus paletas y lienzos para crear ese color opaco y duradero sin gastar ni la mitad de lo que gasta un pintor corriente.
Logró engañar a más de un comprador. También logró que alguno de sus cuadros traspasara las barreras del país. 
"El pintor no pinta la realidad, pinta lo que ve" solía decirme mientras sostenía su inseparable pipa. 
Mucho discutimos. Mucho debatimos.
Me acompañó en mis tardes de niña, adolescente y universitaria. Me hizo varios regalos interesantes y útiles como buenos libros. 
Siempre incomprendido. Siempre artista. Vivió como quiso y murió como pintor, 
Tengo millones de recuerdos, millones de partituras en mi cabeza. Algunas de sus melodías de músico esporádico se quedaron para siempre en mis orejas resonando. Su sentido del humor agudo y espontáneo, una de las pocas cosas que heredó de mi abuelo, era certero y a la vez abrumador. 
Pensar en él y sentir la "nostalgia futura", como diría mi amiga Natacha, es algo que me aprieta un poco el corazón. 
Tener esa convicción de que fue tanto lo que compartimos que sabría de antemano sus respuestas ante cualquier pregunta que me surgiera, su cosmovisión y su postura irrevocable.
Girasoles de Van Gogh en esta noche algo cálida. Girasoles de óleo (óleo de verdad, eso sí) para otro artista que se va a los cielos del divisionismo.
Mucho discutimos.
¿Y ahora con quién voy a discutir?



sábado, 17 de septiembre de 2016

De los momentos de estancia.


Es 17 de Septiembre. Las calles se desdibujan a través de paisajes que remueven sus colores en infinita condescendencia con el sol.
El pasto rebosa de mordiscos del tiempo y los gatos sobre los tejados y en las rejas reposan un acabado Agosto de ajetreo.
En las radios circundantes suenan melodías de paso, de postal, de tarjetita tipo "gif". Mis pasos resuenan en el pavimento como crujidos de ripio aplastado por troncos desafiantes.
Chilenidad. ¿ Qués es eso? Reflexiono mientras contemplo el cielo escaso de nubes y de brisa; mientras reconstruyo en mi mente los retazos de noticias que recolecto a diario en los medios.
Jubilación paupérrima, alto al rodeo, las fondas veganas, los rituales a mártires de conductores ebrios, los adolescentes del mundo desechable...
Y mi libertad termina donde comienza la de mi vecino, ese, el de la música postal...Y la libertad de los veganos termina al borde de las parrillas de más de la mitad del país... Y la libertad de los adultos mayores concluyó mucho antes de que jubilasen... pero aún así, termina en el doblez de los bolsillos del acaudalado ejecutivo gerencial de las AFP.... Y los mártires, ya no pueden clamar por su derecho a transitar por una vereda sin ser reventados contra una pared por un conductor mareado y acelerado que logra su minuto de éxtasis arcade... Y los animales del rodeo pastan en paz, sin pensar ni sospechar que serán llevados al coliseo donde la clase acomodada se beberá unos traguitos a su salud mientras un caballo "manda'o" lo aporrea.
¿Es eso la Chilenidad?
En otros lugares habitan personas sencillas y tranquilas que se regocijan con servir y compartir con otros conciudadanos, como el encargado del local de almuerzos que está a pasos de mi trabajo, que ayer se acostó cansado y exhausto sólo por haberse multiplicado y generar con sus manos, doscientas empanadas y tres ollas de almuerzos, para no "dejar bota' a la gente que viene pa'cá".
O los artistas callejeros y no callejeros que llevan y traen magia donde sea que se instalen, que con sólo verlos ya te alegran la existencia.
Los conductores alegres... (no borrachos)
Los feriantes risueños...
Los profesores de verdad... (mi gente)
las vendedoras de pancito, tortillas y dulces...
Los jardineros que respiran el rocío...
Los estudiosos que estudian...

Las particulas de arena que forman la playa, eso es cada ciudadano y el espíritu colectivo abrazado por la vida que es el mar, incierta y cadenciosa. Fugaz y potente.  Calma y tan viva a la vez, incluso en llamas.

Y bajo ese cielo azul casi vacío de nubes y con esa música postal de fondo, recorro mis pisadas, pensando, maquinando, cómo intervenir...interferir...
Llego a casa y tomo mis palabras, canto, escribo, y me proyecto para una nueva vuelta de este ciclo sin fin inserta en esta polis-playa de colores y paisajes.







domingo, 15 de febrero de 2015

El perdón de la Serpiente. (Cuento de Graneros)


Mi abuela creció en el pueblo del Graneros, hacia el sur de la Región Metropolitana de Chile. Muchas historias se contaban en esos años, donde no había televisión y donde las personas construían su cognición, en parte, a través de la tradición oral.
Una de las las historias que más llamó su atención de niña fue la que le contó su padre cuando, un día, al remojarse los pies en un canal, su pierna fue abrazada fuertemente por una serpiente que pasaba por ahí, causándole un tremendo susto, que le dejó como recuerdo un gran temor hacia estos animales.
La historia dice más o menos así:

Hace muchos muchos años, vivió en el pueblo de Graneros, un hombre joven, cuyo pasatiempo era recorrer el bosque en busca de plantas y frutas. Cada momento libre lo pasaba allí, encantado por las bondades de la naturaleza. Cierto día y luego de haber llenado un canasto con sus hallazgos, notó que algo se deslizaba por el pasto. Al voltear, puedo ver a una pequeña serpiente amarilla y gris que le observaba con sus ojillos brillantes. Al principio tuvo miedo, pero luego se dio cuenta de que se trataba sólo de una cría y que, claramente no deseaba lastimarlo. Se acercó sigilosamente y le habló con voz suave. La serpiente seguía observándolo y parecía hipnotizada.
El joven regresó a casa, trayendo sus cosas y pensó que sería interesante tener una serpiente como mascota, o mejor aún, como amiga de la naturaleza. Al día siguiente regresó al mismo lugar y una vez más, la pequeña serpiente apareció y le observó.
Así transcurrieron varios días y cada vez que el joven llegaba a ese lugar, la serpiente se acercaba a él para observarlo y oír cómo le conversaba. Un par de meses más tarde, el joven, ya confiado, la puso en el canasto y se la llevó a su casa.
La serpiente parecía tener una gran inteligencia pues se convirtió en su fiel compañera. Lo seguía a todas partes, dormía a los pies de su cama y sólo salía de la casa para cazar su alimento. Por su parte el joven sentía un verdadero afecto por ella y se sorprendía de lo fácil que se había adaptado a todo y cómo era ya casi doméstica. Casi.
Pasaron dos años y todo seguía igual. La gente del pueblo comentaba que el joven estaba algo loco, o debía estarlo, para tener un animal salvaje como ése en su propia casa. Pero como no causaba daño a nadie, terminaron acostumbrándose a la idea.
La serpiente había crecido. Medía un metro y medio de largo y su color amarillo ocre, se difuminaba con el negro y gris de las otras rayas de su cuerpo. Era hermosa. De bellos e intensos ojos amarillos.
Un buen día, el joven regresó a casa más temprano de lo habitual. Venía con el rostro encendido y una novedosa felicidad. Limpió y ordenó toda la casa. Se puso su mejor ropa y esperó. Al cabo de unas horas apareció en la puerta una dama de una edad similar a la de él. La serpiente observaba atenta por la ventana. El joven recibió a su invitada con un beso y le pidió amablemente que ingresara. Una vez en la casa, grande fue la decepción del muchacho al ver cómo su novia, gritaba despavorida al ver a la serpiente con la cabeza alzada frente a ella observándola con desconfianza. Sin saber qué hacer, el joven tomó a la serpiente y le dejó encerrada en su cuarto por el resto de la velada. La serpiente esperó, con hambre, con calor, y finalmente cuando el joven regresó triunfante, salió presurosa por la ventana a buscar alimento.
Un par de meses pasaron en los que la situación se repitió de manera muy similar. La novia del joven no gustaba de las serpientes y no podían estar juntas en la misma habitación.
Y llegó el momento en que el joven debía tomar las decisiones más importantes de su vida. Estaba enamorado y deseaba casarse. Fervorosamente se lo pidió a su novia, quien frunciendo las cejas en tono de mando decretó: "Sólo me casaré contigo, si sacas a ese bicho asqueroso de tu casa".
El joven estaba triste, muy triste y en un acto de amor, creyendo hacer lo correcto, tomó a la serpiente y la llevó a un bosque mucho más lejano que el del pueblo, dejándola abandonada allí y regresando rápidamente en vehículo a su casa.
La boda se llevó a cabo sin problemas y durante los meses siguientes, todo fue felicidad para los novios. Todo, excepto que el hombre, amante de la naturaleza, extrañaba horriblemente a su serpiente.
Un año pasó y luego de convencer a su esposa de que nada malo podía suceder, se encaminó a los bosques en busca de su amiga salvaje.
Sabía que podía encontrarla. Comenzó a silbar, como siempre hacía para llamarla. Nada sucedía.
Cuando ya estuvo cansado de tanto andar y dio la media vuelta para regresar a casa, descubrió que detrás de él, estuvo la serpiente, todo el tiempo, observándolo en silencio. Sus ojos amarillos brillaban, perlescentes. El hombre corrió y la tomó en sus brazos. La alzó en el aire y le habló con su máxima ternura. Ella lo observaba hipnotizada, como antes, como siempre. El hombre estaba feliz.
La serpiente se abrazó a él y cerró sus ojitos en señal de amistad y afecto.
El hombre depositó su canasto en el suelo y la puso dentro. Ella se alzó con la cabeza muy rígida y antes de que el hombre pudiese hacer nada, comenzó a silbar agudamente, con fuerza...chillaba de manera extraña como el hombre nunca le había oído hacer.
Y entonces sucedió.
El pasto empezó a sisear y decenas de Philodryas Chamissonis salieron de todas partes. Decenas.
En cuestión de segundos el hombre estaba completamente cubierto de serpientes que le mordían rabiosamente y le apretaban con fuerza. La suya, sin embargo, seguía erguida dentro del cesto, mirando atentamente.
Días más tarde cuando encontraron el cadáver del joven entre los pastos, nadie podía comprender cómo había sido posible que muriese de esa forma.
La Philodryas Chamissonis posee un veneno poco poderoso, que se concentra sólo en el área mordida. Un ataque a un ser humano por parte de varias, era algo nunca antes visto. Y por esa misma razón, en un par de meses, nadie volvió a comentar nada.

Mi bisabuelo concluyó su historia diciéndole a mi abuela, entonces niña: "La naturaleza no perdona hija. No puede ser de otra forma. La naturaleza no permite que se le pase a llevar, ni siquiera con los pies en un canal. O la respetas o la respetas".







domingo, 25 de enero de 2015

El Trueque. (Historia real)


Muchas historias hay, que no debieran ser contadas. Otras, en cambio, se guardan en el corazón como un muñón de tela, en lo más recóndito . En ese lugar especial, dedicado a las cosas dolorosas.
Conozco a la señora Carmen hace muchos años. Hemos pasado muchas sesiones de té juntas, conversando los más variados temas. Intercambiando opiniones y pensamientos con certero respeto.
Mayor ya, casi de 80 años, con una memoria evocativa muy aguda, representa paisajes pasados de su vida, como en un radio-teatro cierto y contundente.
Una de los relatos más tristes que me narró, fue aquél que acaeció cuando ella tenía sólo 10 años:

La historia comienza en la ciudad de Talca, donde ella y su familia compartían una modesta casita casi a las afueras. Hija de un padre alcohólico y una madre machista, Carmen crecía como una flor silvestre en el campo, soportando los gritos, los llantos, la pobreza y las injusticias que le circundaban día a día.
Su padre traía poco dinero a casa, ya que consumía gran parte de sus ganancias en los bares o botillerías cercanas. Para colaborar con los gastos, la madre lavaba, planchaba, remendaba ropa a pedido y además cantaba en los matrimonios y funerales. Carmen pasaba los días jugando en el patio con su hermana María, dos años mayor que ella. Su mejor y única amiga. Dormían juntas, lloraban juntas, se escondían juntas bajo la cama cuando el padre regresaba jadeante y sediento aún, arrastrando los pies para cuestionar con severa rectitud el aseo de la casa, la temperatura de la sopa, el color del brasero y todo detalle que pudiese despertar su rabiosa incorformidad desencadenando el caos y martirio de la familia. Ellas se tapaban los oídos en ese lugar, abrazadas, y por unos segundos, todo parecía desaparecer.
María tenía unos ojitos vivaces y un largo pelo rubio con mechitas que, a veces cubrían sus ojos. (Razón por la que el padre a menudo, durante su embriaguez solía aseverar con enfadado desdén "Esta cría no es mía...Es rucia", lo que le costaba a la madre una nueva paliza.
Carmen y María jugaban y cantaban mientras colaboraban con el lavado de prendas en la artesa de la casa, junto a los árboles. Nunca percibieron esa presencia apoyada en la reja. Y si lo hicieron, jamás le dieron importancia.
Un vejete, de unos 60 años, lozano y con esa apariencia vigorosa de hombre de campo, solía pasar por allí a diario en su caballo. A veces, se bajaba a espiar a las niñas a través de la envejecida verja. Sus ojos se quedaban fijos observándolas y un hilillo de saliva, asomaba de su boca que ya comenzaba a mostrar los primeros espacios que deja la caída de los dientes.
Las niñas parecían ignorarlo y esto, era precisamente lo que lo hacía regresar una y otra vez.

Cierto día de otoño, el padre regresó a casa arrastrándose, borracho, como jamás le habían visto. Traía una mueca de alegría deslavada en el rostro. Reptó hasta la entrada y se quedó allí, riendo como un demente.
-¿Qué pasa, Viejito?- Preguntó la madre con aspecto sorprendido.
- Me dieron el chuico máh grande del negocio... toos esos litroh pa' mí... Prepara a la rucia, mi compadre Peiro la viene a buscar...-
-...Pero...¿Por qué?- Inquirió la madre - ¿Pa' qué la va a querer tu compadre...?-
-Jajajajajajajaja ¿Cómo que pa' qué? Pa' casarse con ella poh... Se la cambié por el chuiquito grande... a mí no me sirve pa' na esa rucia 'e mierda...-
La madre se quedó perpleja. Los ojos llenos de lágrimas. Pero no podía contradecir a su hombre. Era la ley. Eran las reglas. El dinero escaseaba...Una boca menos para alimentar.

Carmen y María no entendieron de qué se trataba esto. La madre le articuló un par de frases que para ellas sonaron inconexas. "Marido", "obediente", "vas a estar mejor" "No tan lejos". Ellas sólo se tomaron de las manos expectantes.

No transcurrieron muchas horas antes de que una carreta se detuviera frente a la casa. Un viejo de unos sesenta años avanzó con paso firme por el jardín, cruzó el patio donde tantas veces observó a María cantar y jugar y se dirigió a la puerta. Serio y agreste. Hostil y severo.
-Vengo por lo que me prometió al compadre-
Nadie dijo nada. Nadie hizo nada.
María, con los ojos llenos de horror, de pronto pareció comprender. Corrió hasta su cama y se metió debajo, sollozando y gritando.
-Mamita...no deje que me lleve!!!...no deje que me lleve!!!! él me da miedo...me da miedo...ME DA MIEDO!!!
Carmen corrió a esconderse junto a su hermana y juntas lloraron abrazadas largamente, hasta que una gran mano de hombre comenzó a tirar de ellas con una fuerza descomunal. María arañó el piso mientras era arrastrada violentamente fuera de su escondite. Las marcas quedaron impresas en la madera como prueba de su intento por escapar, por aferrarse a su vida de niña de 12 años, que jugaba con muñecas...
Carmen se quedó ahí, con los oídos tapados tratando de ser invisible.
La carreta partió y varios minutos después se seguían oyendo los gritos de María.
***

La señora Carmen aún llora recordando las noches posteriores a aquél suceso.
"No podía dormir. Me parecía escuchar a mi hermana gritando todavía. Tenía miedo de que me pasara lo mismo. Los extraños me asustaban. Las carretas frente a la casa... Muchas noches me dormí debajo de la cama, haciéndole cariño a las marcas que dejó la María en el piso y nunca, nunca, he podido sacármela de la cabeza...todavía la echo de menos y pienso en lo unidas que seríamos si estuviese..."

Cuando le pregunté qué ocurrió con María, me narra:
"Mi hermana pasó varios años encerrada en la casa de ese desgraciado. No la dejaba salir ni ver a nadie. Tuvieron tres hijos, todos nacidos en la misma casa, con ayuda de parteras... Cuando cumplió los 18 años, una tarde, finalmente la sacó de paseo con los niños en la carreta...Y cuando habían avanzado un buen trecho, ella se lanzó hacia adelante y murió aplastada por las ruedas... Yo creo que llevaba años esperando y planeando eso... "

El relato de la señora Carmen me impacta. Le pedí autorización para narrarlo en este blog y ella con su mirada sencilla me respondió: "Bueno sería, pa' que la gente sepa cómo era la vida antes...cómo era la gente con los niños, con las niñas...nacer mujer era como un castigo de Dios, una condena...Las niñitas ahora van al colegio, se casan con quien quieren, van a la universidad, imagínate... mi hermana a lo mejor hubiera sido tan feliz en este tiempo de ahora, si era bien habilosa ella, más que yo... y si no hubiéramos sido tan pobres..."
***

Es una horror decir que el abuso y la violencia hacia menores, en pleno año 2015, es algo que no se ha erradicado y que, probablemente no se erradicará. Las formas han cambiado, los escenarios han cambiado, pero el truncar la vida a niños y niñas, sigue siendo un acto masivo y corriente en los distintos estratos, regiones y sectores de nuestro país.
Admiro el optimismo de la señora Carmen respecto al paso del tiempo, pero también me planteo y replanteo que la infancia debe ser protegida a como dé lugar. Una sonrisa a un niño, el llamarlo por su nombre, el respetarlo en toda forma posible, el ser uno de los pocos adultos coherentes y amigables que conocerán...es ya un pequeño paso en esta lucha...

En memoria de María Toloza y de todas esas otras Marías y Marios anónimos.
















lunes, 15 de diciembre de 2014

El concepto de la muerte representado en murales epitáficos.

Resumen.
En Chile, el concepto de la muerte es uno de los tabúes más importantes para la sociedad actual. Dentro del análisis del discurso el hablante utiliza diversas expresiones alternativas para reemplazar y/o evadir la manifestación explícita de palabras asociadas a él. El objetivo de este estudio es describir y evaluar cómo el hablante representa esta temática en un corpus  analizado según la teoría de la valoración extraída del texto de Kaplan, y la conceptualización alternativa de Crespo. Para esto se utilizaron cinco fotografías de murales epitáficos cuyos textos fueron revisados. Los resultados arrojaron elementos comunes como la conceptualización del morir como paso de un estado a otro y elementos divergentes como la cosmovisión y la paradoja del estatus que se deja y el que se comienza. Las conclusiones nos permitieron establecer a los murales epitáficos como herramientas discursivas semióticas que permiten validar y reafirmar el esquema imperante respecto al concepto de morir.

Palabras Clave: Teoría de la Valoración, Semiótica Social, Análisis del Discurso, Murales Epitáficos.

Introducción.
Los parámetros sociales relacionados al concepto de la muerte, varían en cada cultura. A lo largo del tiempo ha sido posible recoger impresiones a través del análisis de textos, obras de arte y todo medio de expresión popular alusivo al tema. En Chile, la elaboración de murales epitáficos toma cada día más fuerza, al ser una instancia libre y duradera para plasmar deseos, sentimientos y emociones en un lugar generalmente propio o cercano al deceso de quien los inspira. A través de la compilación de estas expresiones es posible llegar a una apreciación más concreta respecto a cómo la sociedad chilena actual enfrenta el tema de la muerte en el discurso. Durante la revisión de corpus podremos también descubrir el grado de rechazo que se presenta hacia la idea de morir o cuáles son las formas más comunes de metaforizar el tema para hacerlo más tolerable y presentable ante otros.   El objetivo de este artículo es describir y evaluar la forma en que el concepto de la muerte es representado en cinco murales, fotografiados desde distintos lugares de Santiago. Para ello, nos basaremos principalmente en la teoría de la valoración extraída del texto de Kaplan (Kaplan, 2004) y la conceptualización alternativa a la representación explícita del concepto de la muerte de Crespo (Crespo,2008) dentro de un marco general de análisis del discurso centrado en el uso de la palabra escrita. La perspectiva metodológica empleada será un análisis de corpus descriptivo y de carácter cualitativo.
Aplicaremos la teoría de la valoración para tener un enfoque concreto en el uso de las distintas palabras o expresiones presentes en el corpus y poder, de esta manera, tener un patrón común de análisis que nos permita comparar los resultados. Los murales escogidos para la realización de este estudio poseen la particularidad de haber sido elaborados sin el uso de expresiones poéticas o tomadas de algún texto formal o modelo: Se trata de textos informales provenientes de la creatividad de quienes circundaron la vida de las personas mencionadas en ellos. Respecto a la conceptualización alternativa, la utilizaremos para descubrir de qué forma los conceptos de la muerte y de morir son reemplazados dentro de este corpus en un contexto más bien de significado que de pragmática social.

1-     El concepto de la muerte en el discurso.
El discurso como práctica social, posee parámetros y márgenes bien establecidos y definidos culturalmente por medio de convenciones tácitas y explícitas. Según los procedimientos externos de exclusión, el tabú del objeto se manifiesta como la prohibición de algún término o expresión discursiva con el fin de ejercer un control o poder sobre otros. (Foucault, 1999) Desde esta perspectiva el concepto de la muerte como algo real no controlable y de carácter universal, se convierte en uno de los tabúes más importantes dentro de la cultura y sociedad chilenas.
En el aspecto cultural, el etnocentrismo ejercido por los grupos sociales masifica y construye el patrón a seguir para el desempeño discursivo relativo al tema, lo que convierte esto en una práctica aceptable y aceptada por el grupo social. (Goddard y Wierzbicka en Van Dijk, 2001). La muerte representa aquella verdad impuesta que atemoriza y amenaza al ser viviente y que deja un rastro de dolor y amargura. Como indica Fairclough en su trabajo de 1995, el análisis del discurso debe estar centrado en los procesos y problemas sociales, por tanto todas aquellas formas de expresión que reflejan un accionar en base a una perspectiva común, conciernen a los ámbitos discursivos como problemática.

1.1-  El concepto de la muerte en la sociedad actual.
La idea de morir ha pasado por un proceso evolutivo a lo largo de los años según el cambio de perspectiva de las nuevas sociedades. La idea que hoy toma fuerza en los grupos sociales de nuestro tiempo, según la psicología, es el concepto del “buen morir” que corresponde  a una idealización del proceso mediante la cual el momento del deceso ocurre de manera sorpresiva e indolora. Toda circunstancia que escape a aquél ideal, será considerada como negativa, al punto de  poder generar incluso algún desarrollo patológico como la “Tanatofobia” ( Miedo incontrolable hacia la idea de morir) o “Tanatofilia” ( Deseo incontrolable de morir).(Gala et al, 2003)  Estos sentimientos y la tendencia cultural a seguir esquemas y patrones nos llevan a buscar dentro de las prácticas discusivas, aquellas representaciones que pongan de manifiestos estas tendencias con el fin de identificar elementos comunes o de divergencia. Acorde a la teoría de esquemas de Rumelhart, el concepto de la muerte se ha cohesionado en la idealización mental colectiva y ha dado paso a una manipulación común del factor signico esquemático presente en la acción discursiva. (Rumelhart, 1980) Considerando la psicología discursiva, podemos añadir además que dentro de la inversión psicológica presente en la elaboración de discurso, la necesidad de satisfacer ciertas demandas o requerimientos proporciona una forma discursiva no frecuente en los individuos. (Jorgensen y Phillips, 2002) Para este estudio definiremos el concepto de muerte como la instancia en que el ser humano simplemente deja de vivir.

1.2- El concepto de la muerte representado en la semiótica.
Desde la perspectiva de la semiótica social y el enfoque multimodal que otorga importancia al acto comunicativo a través de la combinación imagen-texto (Kress et al, en Van Dijk, 2000), la elaboración de murales epitáficos, representa un medio libre de plasmar ideas o sentimientos, no sólo a través de la palabra escrita, sino también mediante el uso de una fotografía o imagen de la persona a quien van dirigidos con el fin de generar una empatía en el receptor. Generalmente estas imágenes son de gran tamaño y pretenden transmitir emociones como herramienta comunicativa. Es importante señalar en este punto que llamaremos mural epitáfico a toda expresión escrita pintada en un muro cuya temática sea el fallecimiento de alguna persona y la representación de emociones o ideas alusivas a aquél suceso. La principal diferencia entre estas representaciones y las de un epitafio convencional de cementerio, radica en el uso de la palabra escrita, que, al no ser copiada de textos pre establecidos, otorga una riqueza adicional al fenómeno discursivo.

1.3- La valoración y el concepto de la muerte.
Según la subdivisión presente en los estudios de la teoría de la valoración (Kaplan, 2004): actitud, compromiso y gradación; centraremos este estudio sólo en la primera de estas, comprendiendo las otras como complementarias, no obstante su exclusión en el análisis por motivos de extensión del trabajo a niveles más profundos. Dentro de los parámetros existentes en la actitud: el afecto, juicio y apreciación, nos servirán como base para clasificar los distintos enunciados presentes en el corpus a analizar, teniendo en cuanta lo mencionado anteriormente respecto a la muerte como tabú social y respuesta discursiva de rechazo.

1.4- El uso de conceptos alternativos como representación del tabú.
Crespo propone en su artículo respecto a los epitafios convencionales, el uso de conceptos alternativos como medio de evasión o no aceptación frente al concepto de morir. Es necesario referirse al fallecimiento, pero no es permitido ni posible utilizar la palabra muerte o sus derivados. Para ello el hablante hace uso de formas de representación emocionales que le permitan sustituir esta terminología en el medio social para manifestar lo que pretende expresar en la instancia discursiva dirigida a quien ha muerto. (Crespo, 2008) Cabe señalar que los murales epitáficos van dirigidos hacia una persona fallecida, así como también al público general como receptor del mensaje.

2-     Metodología.
El trabajo que se presenta es un estudio cualitativo de carácter descriptivo inserto dentro del marco del análisis del discurso. Las principales teorías en las que se basa son la teoría de la valoración según Kaplan; el uso de conceptos alternativos como evasión a la idea de morir de Crespo y algunos aspectos relativos a la muerte, la sociedad, el discurso y la cultura.
2.1- Corpus.
El corpus a analizar fueron los textos correspondientes a cinco fotografías tomadas a murales epitáficos ubicados en distintos barrios de escasos recursos de la ciudad de Santiago de Chile, las cuales fueron capturadas durante los meses de septiembre, octubre y noviembre del 2014, según parámetros comunes de búsqueda. Estos parámetros fueron; Presencia de texto alusivo a la muerte de alguna persona y redacción de texto no poética o copiada de un epitafio estandarizado.
2.2- Procedimiento.
El análisis se llevó a cabo a través de la interpretación inferencial del discurso  en relación a los dos aspectos a evaluar: La actitud de la valoración frente al concepto de la muerte y la presencia o ausencia de conceptos alternativos para reemplazar a la palabra muerte y/o morir. Para ello, se realizó un desglose de los distintos marcadores discursivos buscados y su interpretación.

3-     Análisis e interpretación de los datos.

Imagen nro. 1:
Texto: “Mi cuerpo muere, no mi alma, mi cariño y sonrisa os acompañarán desde el cielo”.
Rechazo al concepto de la muerte
Actitud.
En este texto, es posible distinguir dos marcadores de rechazo al concepto: El primero de ellos es el uso de primera persona , lo que pone de manifiesto la idea de que quien ha fallecido es quien habla, por tanto que no ha muerto. Por otro lado la especificación de que sólo su cuerpo ha muerto, lo que deja la idea de que su espíritu o representación etérea continúa con vida.
Afecto: No representado explícitamente salvo por el aspecto de la seguridad reflejado en la idea de que la persona no ha muerto.
Juicio: Presente en la sanción social de la veracidad. La muerte como otra forma de vivir.
Apreciación: Emoción profunda reflejada en la idea de cariño eterno.


 Imagen nro. 2
Texto: “Ni el tiempo, ni la infinita distancia borran el recuerdo de todo lo que vivimos juntos.”
Rechazo al concepto de la muerte
Actitud.
En este texto es posible apreciar un grado de aceptación frente a la idea de morir, representado en la expresión “infinita distancia” donde se observa a la muerte como algo irreversible, sin embargo no se menciona ninguna idea referente al hecho en sí, más bien a los aspectos emocionales imperantes en la actualidad.
Afecto: Seguridad presente en la idea de que el recuerdo no será borrado a pesar de la infinita distancia.
Juicio: Estima social, tenacidad y perseverancia en las emociones resultantes de lo vivido.
Apreciación: Valuación recuerdos duraderos únicos.

 Imagen nro. 3
Texto: (Fragmento) “¡Silencio! Que él sólo duerme y descansa…”
Rechazo al concepto de la muerte.
Actitud.
En este texto es posible observar un elevado grado de rechazo frente al concepto de la muerte, representado con la expresión “sólo duerme” para indicar que en realidad la persona no ha muerto. Por otra parte la idea de “descansar” sugiere que la muerte es el término de una atapa y a la vez el comienzo de otra.
Afecto: Optimismo. La persona sólo duerme. Seguridad y satisfacción.
Juicio: Sanción, veracidad ante la idea de que la muerte no existe como tal.
Apreciación: Valuación, sentimientos profundos de convicción.

Imagen nro. 4
Texto: “Dios quizo un angelito, por eso a ti te escogió, ya te imaginamos de blanco, de la mano del Señor en el paraíso donde un día nos veremos. Tranquila Camilita que todos te recordaremos.”
Rechazo al concepto de la muerte.
Actitud.
En este mural es posible distinguir una dicotomía entre la postura religiosa y la idea de dejar de vivir una vida terrenal. Morir es dejar este mundo para ir a vivir con Dios a otro. El rechazo está presente en la idea de reemplazar la vida terrenal por otra espiritual resguardada por una entidad divina como lo es la imagen de Dios.
Afecto: Optimismo, seguridad y satisfacción presentes en la idea de que la vida no acaba sino que se transforma en otra.
Juicio: Normalidad en la representación de la muerte dada por la cosmovisión.
Apreciación: Calidad, hermoso, la vida que se vive después de la muerte es feliz.

 Imagen nro. 5
Texto: “El cielo es mucho más bello desde que tenemos un angelito de amor. Vuela alto mi niño, sé feliz, siempre te llevaremos en nuestra mente y en nuestros corazones. Te amaremos por siempre. La vida es sólo una, vívela”
Rechazo al concepto de la muerte.
Actitud.
Este texto es particularmente interesante debido a la presencia de dos elementos relevantes. Por un lado el ámbito religioso y la cosmovisión que plantean una vida feliz después de la muerte, un lugar al cual se llega volando (el cielo) y la representación celestial del término “angelito”. Sin embargo al pie del mural nos encontramos con una invitación a vivir la vida terrenal ya que es “una sola”, lo cual nos indica que, según el autor, esta vida es también importante y positiva.  Por tanto podemos concluir que la idea principal es la de continuidad y transformación.
Afecto: Optimismo, seguridad y satisfacción ante los conceptos planteados.
Juicio: Estima social de normalidad; la vida continúa. Integridad moral positiva del occiso que es representado como un “angelito de amor”
Apreciación: Calidad, belleza ante la vida nueva y ante quien la recibe. Valuación positiva de eterno recuerdo y sentimiento de amor.

Conclusiones.
Este estudio tuvo por objetivo la descripción y evaluación del concepto de la muerte representado en murales epitáficos, basándose en la teoría de la valoración según Kaplan y la conceptualización alternativa a los términos relacionados con la muerte.
En primer lugar, el corpus analizado arrojó diferentes perspectivas respecto a cómo la sociedad canaliza y proyecta la idea de dejar de vivir para plasmarla en un lugar determinado que tenga alguna significación para ellos. La utilización de la imagen de la persona fallecida nos hace entender el deseo implícito de despertar emociones en el observador, lo que podría ser interpretado como otra forma de rechazo a la idea de que esa persona ha fallecido, una forma de mantenerle en la presencia de la comunidad de manera permanente.
Respecto al vocabulario empleado en la elaboración de este material, sugiere naturalidad y espontaneidad, lo cual podría interpretarse como el deseo de demostrar ante el lector que sus sentimientos son auténticos como una forma de validar lo que pretende expresar.
En relación a la teoría propuesta para el análisis, podemos concluir que en todo el corpus se encontraron marcadores de rechazo hacia el concepto de la muerte. Cada autor determinó por medio de diversas palabras y expresiones la idea de que la muerte representa un cambio permanente en el estatus de la persona, pero que, a su vez, conlleva a otro diferente. Sin embargo, en cuanto a la continuidad de esta situación, fue posible observar una notoria diferencia asociada a la cosmovisión del emisor, poniendo de manifiesto en algunos casos el concepto de ir a algún lugar resguardado por una entidad divina o simplemente ir a algún lugar no determinado. La representación de la palabra muerte como tabú se vio expuesta en cuatro de los cinco murales: El primero en ser analizado, en cambio,  presentó la utilización de un término asociado, no obstante al estar redactado en primera persona, nos permitió concluir que se trataba de una negación por parte del autor, quien presentó a la persona fallecida como hablante. En el caso del quinto mural, pudimos encontrar una interesante contradicción entre las ideas de volar a un mundo mejor y disfrutar la vida terrenal que es una sola. Esto sugiere la presencia de más de un autor en el desarrollo del texto o bien, la paradoja a la que se enfrentó el hablante al entender la muerte como algo incierto y desconocido.
La actitud revisada en el análisis fue variada en cada mural, sin embargo uno de los factores comunes que se pudo apreciar fue el de la seguridad dentro de la categoría del afecto, tanto en las representaciones de cosmovisión como en los estados emocionales presentes. También pudo encontrarse factores comunes de juicio en relación a la veracidad de lo que se pretendía validar como cierto en la práctica discursiva.
La utilización de murales epitáficos supone un fenómeno social moderno y en aumento, ya que al ser una expresión que combina un discurso multimodal representado de manera semiótica refleja un deseo de los hablantes de manifestar su perspectiva social emocional desde su grupo a otros grupos o comunidades cercanas. La representación del concepto de la muerte, expuesta de diversas formas nos lleva a tener una perspectiva más clara del significado del concepto en entornos pragmáticos definidos como los son los barrios: Morir es pasar de un estado a otro, por tanto no es una instancia que deba pasar desapercibida, sino más bien ser expuesta y validada ante la sociedad. El mural epitáfico es entonces, una herramienta de validación discursiva ante lo que las personas consideran digno de ser recordado y la vez, una instancia de reafirmación del esquema imperante en la sociedad.
Como posible estudio futuro se sugiere una revisión semiótica más completa de los murales como también el impacto que producen en los espectadores a través de algún análisis o encuesta para rescatar los distintos elementos presentes en su elaboración además de evaluar el efecto que logran en el observador.

Referencias Bibliográficas.

1-     Crespo, E. (2008). La conceptualización metafórica del eufemismo en epitafios. Universidad de Alicante. España.
Recuperado el 04 de Diciembre del 2014 en http://www.scielo.cl/pdf/efilolo/n43/art06.pdf

2-     Fairclough, N. 1995. Critical Discourse Analysis. Londres: Longman.

3-     Foucault, M.  (1999). El orden del discurso. Barcelona: Tusquets.

4-     Gala, F.  Lupiani, M. Raja, R.  Guillén, C. González, J. Villaverde, M.  y Alba, I. (2003) Actitudes psicológicas ante la muerte y el duelo. Una revisión conceptual. Ciencias de la Salud. Cadiz.
Recuperado el 06 de Diciembre del 2014 en http://scielo.isciii.es/pdf/cmf/n30/original4.pdf

5-     Goddard, C. y Wierzbicka, A. Discurso y Cultura, en Van Dijk, T. (comp.) 2001. El Discurso como Interacción Social. Barcelona: Gedisa.

6-     Jorgensen, M. & Phillips, L. (2002). Discourse analysis as theory and method. London: Sage.(Cap. 4: Discursive psychology, pp. 96-137

7-     Kaplan, N. (2004). Nuevos desarrollos en el estudio de la evaluación en el lenguaje: la teoría de la valoración. Boletín de lingüística, 22.

8-     Kress, G, Leite-García, R y van Leeuwen, T. (2000). En Teun Van Dijk (comp.), El discurso como estructura y proceso p. 373-416. Barcelona: Gedisa.


9-     Rumelhart, D. Schemata: The Building Blocks of Cognition,  in Spiro, R., B. Bruce and W. Brewer,(eds.)Theoretical Issues in Reading Comprehension. 1980. Hillsdale,NJ: Lawrence Erlbaum, pp.33-58.

El bastón amarillo como elemento semiótico social: Valoración errónea ante un vacío en el esquema.



Resumen
El guión cultural imperante en Chile respecto de la semiótica social aplicada al uso del bastón amarillo por parte de las personas que presentan baja visión, posee un vacío informativo importante, que ha generado un juicio de actitud errado en la valoración respecto a su veracidad por parte de la población, lo que se traduce en un cierto grado de discriminación al ser asumido como un engaño social. Una solución posible desde el ámbito del análisis del discurso sería la instauración sistemática de una rutina lingüística que propicie la re estructuración en al guión cultural imperante a través de la incorporación de este elemento semiótico en el conocimiento popular.
Palabras clave: Semiótica social, guión cultural, rutina lingüística.

Introducción
En Chile, existe un gran número de personas que presentan una baja visión o alguna anomalía que debilita o reduce el rango de alcance de su visibilidad. Según la encuesta nacional de salud del año 2007, el porcentaje de personas que presenta este problema es nuestro país va desde un 1.5 a un 2.5 en relación a la población total, es decir más de 225.000 personas a lo largo del territorio nacional.

Una de las normativas dispuestas por el Servicio Nacional de Discapacidad para los individuos que no presentan ceguera pero sí un grado reducido en su capacidad visual ha sido el uso de un bastón que posee las mismas características que el que utilizan los no videntes, pero de un color distinto: Amarillo. Este bastón simboliza el concepto de precaución y prudencia para quienes lo ven, siendo un indicador de atención en la sociedad y una herramienta que facilite el desplazamiento de estas personas. Sin embargo, la falta de información en los medios de comunicación, sumada a la precipitación en el juicio valorice de los transeúntes, han hecho de esto, un problema para los usuarios quienes deben enfrentar la discriminación en las calles, debido al parecido que presentan los bastones con los de la ceguera. El desconocimiento de la clasificación de colores, genera confusión en el espectador lo que se traduce en la idea de que el portador del bastón no es ciego y por tanto, está mintiendo.
En el presente ensayo, vincularemos este tema al ámbito de la semiótica social y el análisis del discurso para ofrecer una posible solución a esta respuesta social no esperada.

1-El bastón amarillo: A lo largo de la historia, los diversos entornos culturales han buscado los medios para concordar en aquellas maneras y elementos que constituyan un marco de convivencia apropiado en base a las necesidades y demandas de sus integrantes. Cada signo, ya sea lingüístico o discursivo ha sido diseñado para un calce social e intencionado para presentar un efecto en los individuos involucrados. Es así como cada sociedad ha introducido diversos esquemas de variada índole para orientar, clasificar, identificar y modelar aquellas conductas o aspectos que son relevantes y concernientes a cada grupo.

En el ámbito de la legislación, estos elementos han sido divididos en áreas como salud, transporte, educación, vivienda, etc. En el campo relativo al sector del tránsito, existen objetos representativos de mensajes, los cuales son, en términos discursivos elementos semióticos que pretenden ordenar y contribuir a la comunicación e interacción social entre peatones y /o usuarios de medios de transporte. 

En Chile, el bastón amarillo es un elemento de carácter simbólico que representa el mensaje de que la persona que lo porta padece de algún trastorno, enfermedad o anomalía que le impide alcanzar un rango de visión normal en relación al margen promedio en el entorno social. La conducta esperada ante tal signo es de precaución y prudencia, ya que al tratarse de un individuo con capacidades distintas, las posibilidades de ocasionar o ser víctima de algún accidente se ven aumentadas tanto para el afectado como para quienes que le circundan.

            Sin embargo y debido a la falta de información relativa al tema, esta herramienta ha perdido su efectividad, convirtiéndose en un problema para quienes requieren su uso. El esquema social imperante en Chile posee la imagen significante del bastón de apoyo como indicador de ceguera total, presentando un desconocimiento de la variable en el color, dado que para representar ceguera, se ha dispuesto el uso de un bastón blanco, que además sirve a las personas no videntes como herramienta de orientación. De esta manera, la presencia de dos colores de bastón, sumada al desconocimiento del uso e incluso de la  existencia del de color amarillo, han traído como resultado, el rechazo social como consecuencia de una mala concepción, procesamiento y recepción del mensaje. El manual de leyes de tránsito establece un significado para cada color, siendo el amarillo en una específica gradación del mismo, el color de la precaución. (Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito, Chile) 

¿Cuál es el fenómeno que ocurre a nivel discursivo en este asunto?

            Dentro del marco de la interdisciplinariedad discursiva, los alcances del análisis del discurso van mucho más allá de las palabras y el uso del lenguaje oral y escrito. El bastón amarillo representa un mensaje que se encuentra expresado de manera tácita. Es por ende, un elemento signico que tiene cabida en el ámbito de la semiótica. (Wodak, 2008)

2-El bastón amarillo como elemento semiótico social: La semiótica social, a diferencia de la Saussureana propone la idea de “interés” por parte de quien presenta el mensaje, lo cual modela y determina ciertos aspectos fundamentales que, llevados a la praxis, dejan de manifiesto la intencionalidad en cada signo o representación en contraste con lo concebido anteriormente donde no se consideraba importante el propósito sino más bien el mensaje en sí. (Van Djik. 2000)
           
El uso de un bastón como elemento semiótico social intencionado que además presenta un fondo ideológico, pretende manifestar los conceptos de “precaución y prudencia” a través de un color determinado que no ha sido escogido al azar: El amarillo, color presente en otros símbolos e iconografías de tránsito como carteles y semáforos. La idea ha sido obtener dicha conducta  por medio de la asociación del color, objetivo que no se ha logrado debido a la existencia de un cierto vacío en el esquema social respecto a este objeto en particular. Los individuos no logran generar la asociación esperada, debido a que le representación mental imperante para un bastón se encuentra incompleta. (Rumelhardt, 1980)

Representación mental imperante
El uso de bastón metálico:
Bastón Blanco= Persona no vidente
Bastón amarillo= Persona ¿no vidente?

En este elemento no se aprecia transitividad dado que al ser un objeto en movimiento no es posible identificar posición, orden esquemático u organización. El color es el único indicador presente para análisis.

¿Cuándo se presenta la verdadera problemática?

3-Problematización: Según la Psicología discursiva la relación entre el Yo y los grupos sociales es fundamental para generar un entorno humano saludable. Los conflictos de grupo suelen presentarse cuando uno o varios de los integrantes de un determinado conjunto cambian su sentido de identidad y de los patrones o modelos a seguir. Las acciones están condicionadas por las actitudes que simultáneamente proporcionan un marco ideológico que puede verse o no reflejado en una determinada conducta. (Jorgensen y Phillips, 2002)

En el caso de la presencia de un bastón amarillo, al desconocer su significado e instrumentalización, los individuos suelen buscar de manera inconsciente en su repertorio de esquemas mentales pre existente aquellos registros que generen la conexión precisa para asimilar la información. Al encontrarse con el vacío en su conocimiento, comienzan a sobreponer ideas y a combinarlas para dar paso a una acción. (Categorización) Al tener presente la asociación bastón-persona no vidente, el individuo presenta confusión, lo que le hace reaccionar de manera negativa ante la posibilidad de estar frente a un engaño: una persona que sin ser no vidente, porta un elemento característico (esquema imperante) de alguien en esa condición. Estas reacciones desencadenan un cierto grado de discriminación y tratamiento erróneo hacia quienes requieren la utilización de esta herramienta. Una valoración provocada por los prejuicios ante la no compatibilidad con los grupos sociales establecidos como aceptables.

Por otra parte tenemos las actitudes de identificación dentro de un grupo, (auto-valoración) que pueden verse modificadas por la tendencia grupal que circunstancialmente puede llegar a ser más fuerte. Es decir, que si un integrante del conjunto que circunda esta situación se muestra en una actitud negativa, parte del resto de integrantes se sumará a  dicha actitud, por lo que veremos a un grupo de individuos realizando acciones en contra del portador del instrumento. Esto también podría ser expresado como el repertorio interpretativo erróneo ante un vacío en la cognición. (Wetherhell y Potter, 1992)

Visto desde la perspectiva de la Valoración, podemos referirnos a una evaluación que conlleva a adoptar posiciones frente a la realidad vista o experimentada. Podemos resumir en que esta situación provoca una actitud de inseguridad en la estima social respecto del afecto; un juicio de normalidad negativo, que genera a su vez, una sanción social relativa a la veracidad de lo observado. El engaño. Nos encontramos ante una apreciación que produce una reacción negativa respecto al balance: La idea de discordancia.

3.1-Causa: Como principal causa de esta problemática social, nos encontramos con la falta de información respecto a la existencia y uso del bastón amarillo en personas con baja visión. Las instituciones dedicadas al transporte, educación cívica y medios de comunicación no han brindado a la población los conocimientos necesarios respecto a esta temática. Por esta razón, los individuos han debido adquirir nociones e ideas en base a lo empírico, situación que no siempre ha dado buenos resultados.

Otro enfoque podría definirse dentro del marco de los guiones culturales. La existencia de un vacío en el conocimiento popular respecto al significado del color en un objeto determinado. (Van Dijk,2001)

3.2-Dato en base a una muestra: La población desconoce este signo semiótico y su significado. De un universo de 100 personas de distintas edades y sexo, encuestadas en la comuna de Santiago Centro con el fin de cuantificar en una muestra pequeña el grado de desconocimiento frente a la existencia y simbología del bastón amarillo, sólo 8 afirmaron tener nociones del tema.

4-Posible solución: Se requiere la presencia de una rutina lingüística, entendida como la interacción modeladora de respuestas sociales, para generar, enfatizar y proporcionar toda aquella información necesaria de manera sistemática y masiva, con el fin de lograr conocimiento nuevo que reestructure el guión cultural predominante, es decir, una exposición del tema ante los medios y las entidades correspondientes que permita a la población adquirir las nociones necesarias respecto del uso y significado del bastón amarillo. Paralelamente a esto se deben reforzar las prácticas con la creación de campañas de apoyo visual, o contenido multimedia para optimizar el proceso de aprendizaje en los individuos y garantizar que se logre de manera gradual y colectiva como nuevo esquema socio-cultural.

Conclusión y proyecciones.

            En Chile, la utilización de elementos semióticos en el ámbito de la legislación de tránsito, no ha sido debidamente  informada a la población, lo que ha generado un vacío dentro del guión cultural imperante y en los esquemas mentales de los individuos provocando discordancias y juicios de apreciación errados. El bastón amarillo utilizado por personas de baja visión, ha sido mal interpretado por las personas, generando un sutil pero sólido carácter discriminatorio con base en el fundamento del engaño social al ser confundido con el de color blanco, portado por la población no vidente. Una posible solución a este problema sería una re estructuración el guión cultural  través de una dinámica que propicie la instauración de una nueva rutina lingüística, en la cual ambos bastones, el amarillo y el blanco, sean presentados como elementos distintos y con funciones diferenciadas. Para ello, las entidades y autoridades pertinentes, deberían proponer la presentación del contenido a través de una campaña de difusión masiva y sistemática que introdujera los nuevos conceptos.
           
Como proyección a este trabajo se vislumbra la falta de estudios profundos respecto a las variaciones del color en las distintas áreas y entidades del ámbito social chileno a fin de canalizar y aplicar las mismas al análisis del discurso desde una perspectiva social práctica. El uso intencionado del color en la semiótica social en Chile. Paralelamente, se sugiere la profundización en los temas relativos a tránsito, discapacidad y educación cívica.

Referencias Bibliográficas y linkografía
                       
1-     Goddard, C. y Wierzbicka, A. Discurso y Cultura, en Van Dijk, T. (comp.) 2001. El Discurso como Interacción Social. Barcelona: Gedisa.

2-     Jorgensen, M. & Phillips, L. (2002). Discourse analysis as theory and method. London: Sage.(Cap. 4: Discursive psychology, pp. 96-137

3-     Kaplan, N. (2004). Nuevos desarrollos en el estudio de la evaluación en el lenguaje: la teoría de la valoración. Boletín de lingüística, 22.

4-     Kress, G, Leite-García, R y van Leeuwen, T. (2000). En Teun  van Dijk (comp.), El discurso como estructura y proceso p. 373-416. Barcelona: Gedisa.

5-     Rumelhart, D. Schemata: The Building Blocks of Cognition,  in Spiro, R., B. Bruce and W. Brewer,(eds.) (1980) Theoretical Issues in Reading Comprehension. Hillsdale,NJ: Lawrence Erlbaum, pp.33-58.

6-     Wodak, R. y Krzyzanowski, M. (2008). (Eds). Qualitative discourse analysis in the social sciences. Nueva York: Palgrave Macmillan.

Links relacionados.
1-     Fundación Luz para niños ciegos. Chile.

2-     Manual de señalización de la comisión nacional de tránsito. República de Chile.