lunes, 23 de septiembre de 2024

Dos Caras. Del libro "Indi-GES-tión. Prosa Po-ética.

DOS CARAS

 


Todas las mujeres con cáncer tienen dos caras

La que le muestran a la gente

Y la que llevan encerrada

Una sonríe y hace creer que nunca siente nada

Que es un maniquí alegre

Calva, bonita y estática.

Que el pelo no le importa

Tampoco perder sus ganas

Que desde que supo del cáncer

Ya, se le acabaron las lágrimas.

Que no tiene derecho a llorar

Tampoco a estar enojada

Que no puede tener miedo

Y debe ser siempre empoderada

Que todo lo puede y que lo puede todo.

Que le sobra la energía

Que le abunda la empatía

Que se ha vuelto un ser de luz

Al que Buda envidiaría

Que ahora es mas sabia

Que ahora es mas linda

Que tiene que dar gracias

Por cada nausea o cada herida

La otra cara en cambio

La comparten solo con su almohada

Encerradas en el baño

O mirando por la ventana

El rostro más verdadero

El que dice que son también humanas

Que están vivas y que sus emociones

No pueden jamás ser anuladas

Y lo peor de esta mascarada

Es que no es voluntaria

Surge del asedio del resto

Que no les permite estar humanizadas

El resto las quiere perfectas

Y las quiere listas y dispuestas

Los hombres las quieren sensuales

Las mujeres las quieren despiertas

Los vecinos las quieren audaces

La sociedad las quiere resueltas

Y nadie, nadie, nadie, nadie, nadie,

Les pregunta qué quieren ellas

Les da permiso para soltar el alma

Y expulsar o extirpar sus penas

Exorcizar a sus dolores, al temor,

O simplemente tener una rabieta

Porque siguen siendo humanas

Siguen siendo ellas

Y la vida más viva

Es la que se vive con franqueza. 

El sol. Del libro "Indi-GES-tión. Prosa Po-ética.

 EL SOL

 


El sol no sale para todos.

El sol no sale en todos lados,

Pero es que el sol, no sale ni nunca ha salido,

Somos nosotros quienes lo creemos ver salir

Y corremos en su busca.

El sol está quieto

Y nuestra insignificante figura le es ajena

La Tierra en su incesante movimiento

Revuelve el verdor, aguas y arenas

Y nos hace creer en su vorágine

Que el sol se mueve con ella.

Asimismo, somos ingenuos

De creer que las cosas estáticas

Como un sistema de salud

Fecundo en demandas

Fecundo en abandono y en desgracias

Se moverá por nosotros

En la providencia del sanar

Lo creemos vivo

Lo creemos activo

En un anaquel hecho de billetes

De pólizas y de monedas

Y vamos de polizontes añorando ser descubiertos

En el navío de los sin respuesta.

 

 

Indi-GES-tión. Prosa po-ética.

INDI-GES—TIÓN

(Prosa poética parte del libro "Indi-GES-tión" del año 2024) 



En un país muy lejano

Por allá por los tobillos del mundo

A alguien se le ocurrió un día

Que había que ser más justos

Entonces se proclamó una ley

Que pretendía devolver la vida

Bajo ciertas circunstancias

Bajo ciertas medidas

Y de un bocado de esta ley

Que Chile se tragó de golpe

Vino un inmenso mal

Que acaeció de sur a norte.

En las páginas la justicia vertiente

Se escurría al lector un deleite

Mas en la praxis cada día

La cosa era diferente

Porque había tanta gente

Que era imposible no perderse

Y lo justo se volvió mezquino

Y la letra se volvió deleble

Y los trazos ilegibles

Y decadentes los fuertes

Y de ese bocado dulce

Tan febrilmente digerido

Solo brotaron flemas

De sangre de los desvalidos

Porque no alcanza para todos

La promesa de los elegidos

Nunca alcanza para todos

Y no debiera haber elegidos.

¿Porque todos no caben en la palabra todos?

¿Y por qué hay tan pocos arrepentidos?

Se aglomeran mezclados

En este tubo digestivo

Algunos se regresan

Y son expulsados

Otros viajan por las venas

Pero viajan envenenados

Hay surcos de sequía

Donde debiera haber quebradas

Pero es fácil la geografía

Cuando de morir no se trata

Y dentro del intestino

De un país que se arrebata

De nepotismo, sangre, hurto,

Mafia, truco y labia.

Yacen algunos tantos

Que en agradecimiento claman

El gobierno se empastilla

Para pasar cada migraña

Ocurrió ayer y ocurre hoy

Porque siempre hay y habrá cizaña.

Y el GES no alcanza para todos

Para todos el GES no alcanza

Solo los designios del azar

Y de la suerte de quien se enfrasca

Determinarán desenlace lúdico

De quien pierde o de quien gana.

En algo que un día fue

Una esperanza temprana.

Y en el intestino de un país enfermo

Unas muchas tantas veces

Todo lo que pudo ser bueno

Termina convertido en heces

Vivo pero fétido

En un charco se entumece

Y el sistema se fortalece

Mas no cambia

Solo crece. 

GEStos que no cuentan

Porque en esta patria mía

El GES…

indiGESta

martes, 12 de noviembre de 2019

ANIVERSARIO. (Versión completa de texto contribución a la facultad de arquitectura de la Universidad de Chile para campaña contra el estado de excepción)



Y de repente todo cambió.
Ese miércoles 16 de Octubre del 2019 celebraba mis 10 años en el ejercicio de la pedagogía en inglés.
Me dirigí a la facultad de arquitectura temprano. Tuve una amena clase. Les regalé a mis niños unas malvas para comenzar mi auto-celebración de la primera década enseñando. Estaban emocionados.
 (Para mí siempre serán niños)
Dejé la facultad alegremente y me dirigí a mi encuentro con el  hombre que ha robado mi corazón desde hace tiempo.
Caminamos por la Alameda largamente conversando de muchas cosas. Entre ellas, la desigualdad, el rol de las universidades, la inmigración, la diversidad sexual, las pocas mejoras que nuestra sociedad ha tenido en años, lo difícil que es para miles salir adelante cada día. Buscamos culpables, tratamos de pensar en soluciones.  A nuestro alrededor, las calles tranquilas llenas de vendedores ambulantes, de gente apurada,  de artistas, parecían armonizar con nuestra plática. Visitamos el persa que está cerca del Santa Lucía. Cotizamos instrumentos musicales, admiramos pinturas.
Finalmente regresé a mi última jornada de clases a las cinco. Nos despedimos con muchos y largos abrazos. Quedamos en vernos otra vez, pronto. Tal vez para comprar algún instrumento de percusión. Una alumna me había traído flores. En la casa mi madre y hermano me hicieron una once tardía especial. ..

Dos días después todo cambiaría. Ese miércoles sería el último día en que viera Santiago de la forma en que lo conocía.
Los estudiantes empezaron, dicen.
Fue por treinta pesos, dicen.
Sucedió. Lo que algunos pocos visionarios habían vaticinado. El pueblo chileno  comenzó a manifestarse en las calles después de tantos silentes años de tolerancia.
Poco a poco, se fueron sumando más y más personas hasta que el país entero vibró al sonido de las cacerolas y los cánticos clamando justicia e igualdad.
Día a día y de mil formas. Con cantos, bailes, disfraces,  desnudos, pintados, coloridos o grises Ya no hubo más silencio.  La herida que mi patria llevaba tan profunda heredada de la triste y tiránica dictadura se estiró y la costra cayó. Y un hilillo de sangre brotó de ella. Volaron los elementos en las calles. El fuego, el humo, el agua sucia y el clamor de cientos y miles de voces.
Y entonces, como tratando de desviar un río con una improvisada barrera, el gobierno proclama toques de queda y estado de excepción. Y el presidente aparece en los medios declamando contra su propio pueblo. Hablando de guerra y de represión necesaria.
Las calles se llenen de tanques y soldados.
Las noches se vuelven día iluminadas por las barricadas y a los cantos de cuna para niños se suman los alaridos de cientos de civiles torturados y violentados en su dignidad y en su derecho a decir basta.
Y mientras la ciudadanía va abriendo los ojos a la cruda verdad de que nuestros líderes han llevado por décadas el mismo tatuaje explotador bajo diferentes máscaras de diversos colores a las que llaman “partidos” y de que,  luego de intensos debates, toman sus manos bajo las mesas y tras las cámaras; decenas de globos oculares estallan bajo perdigones y balines policiales.
Y el hilillo de sangre se vuelve torrente.
Y el torrente trae consigo más adeptos, más ideas y menos  indulgencia.
Y de pronto, bajo la mirada atenta del resto de Latinoamérica, el estado de excepción cesa. La medida de amedrentamiento ha fracasado. El pueblo chileno no está asustado.
El intento de crear una falsa imagen de desabastecimiento también fracasa.
Ahora la gente regresa temprano a sus casas, se reúnen en las plazas a ver a sus hijos jugar y dialogan sobre política. Porque ahora se sienten parte de la política.

El planteamiento de una nueva constitución toma más y más fuerza y no saldrá de las retinas. De las retinas que van quedando, El libro constitución de 1980 de pronto se vuelve el más vendido, Los almacenes de barrio, ferias y persas se convierten en los preferidos para comprar, Las personas se ayudan y apoyan durante las marchas, Los vecinos se organizan en cabildos abiertos para al fin planificar, Las barras deportivas se cuadran para impedir que el deporte desvíe la atención, Las universidades estatales trabajan sin descanso para proponer soluciones al gobierno y para ayudar desde sus distintos campos de acción.
Cada día hay nuevas marchas y paralización de diversos sectores.
No sé cuánto dure esto.
Tampoco sé cuándo volveré a caminar por la Alameda de un Santiago tranquilo.
Sólo tengo la certeza de que Chile jamás volverá a ser el mismo. De que dos días después de mi primera década enseñando inglés, mi patria comenzó a sangrar, a doler y ahora debe levantarse.



domingo, 30 de diciembre de 2018

Un Silvestre Colgando Del Tejado.



En esta noche cálida de Diciembre se vislumbra sobre el eje del tiempo un raído deseo de volcar algunas letras sobre este espacio incierto de contrastes cibernéticos. Un olor festivo inunda el ambiente. Afuera, las familias se preparan para una nueva celebración de año nuevo o, como le llaman en Alemania, de San Silvestre. (mi mente divergente no puede evitar visualizar por unos segundos a un montón de alemanes felices en torno a alegorías del gato de Looney Tunes, sabiendo que está lejísimos de referirse a aquél minino)
Este San Silvestre, al igual que ha sucedido en estos últimos tres años, traerá consigo algunas diferencias. Pero esta vez las diferencias no me afectan a mí. Me rodean.
Los años anteriores mi festividad se tornaba reflexiva en base a lo realizado, lo pendiente, lo proyectado y lo perdido, mientras que hoy; viñetas de proyectos y giros de reloj de mi entorno, me marean y confunden. Nunca he padecido de aquella necesidad de control que poseen ciertas personas, tampoco requiero demasiado tiempo o visceralidad para tomar decisiones importantes: Reflexiono lo suficiente, evalúo, tomo cálculos y me precipito. Así funciona mi existencia. Ahora, no obstante, dentro de mis cálculos, siempre está la posibilidad de perder o de transigir.
En mi entorno, en cambio, todo parece dar vueltas en un eje de emociones contradictorias, espejos sucios, café frío, ropa clasificada, cartas, deudas y un sinfín de dimes y diretes que parecen tener una trayectoria circular. Y sin embargo un eje concreto. Todo está claro. Todo está dicho, pero en el infinito poder del lenguaje, sigue existiendo la sempiterna posibilidad de extraer más. De herir más. de sofocar más. De expulsar más. Esconjurar como dicen en portugués.
Cada nuevo paso, un torrente de nuevas palabras. Ríos y volcanes que confluyen.
Y este nuevo trópico que crece en el lugar que llamo hogar, comenzó este pasado miércoles con la repentina y acordada decisión entre mi madre y su marido de divorciarse. Y al igual que en los libros de historia que pueblan los estantes, ha comenzado el proceso de re estructuración y división de todo.
Ojalá dividir emociones e ideales fuese tan simple como repartir muebles.
El festival de orgullos y lamentaciones da por iniciada su temporada alta por acá. En plena víspera de año nuevo.
Y yo, silente, tratando de ocupar el más mínimo espacio. De hacer el menor ruido posible. De existir dentro y fuera del eje a la vez, contemplando la jungla que se esparrama en los sillones, en el piso de la cocina y repta por las paredes tratando de meterse en los cajones que ahora se dejan con llave.
Una guerra sin guerra.
Me siento paralizada en medio de un carrusel que gira con una música lenta y febril. A ratos agradezco no ser parte del movimiento ni de la selva, aunque a veces deba cortar alguna rama para poder pasar. Toda una "Barbara Blade" sobre poleas y lianas. Y acá debo estar. Algo en mis entrañas (la sangre tira, dice el conocimiento popular) indica que debo estar ahí por si se me necesita para apoyar...¿En qué? Lo ignoro. Pero algo habrá que se pueda hacer, aunque sea servir un poco de té o llenar cajas.
Y mañana se viene San Silvestre en casa de mi abuelita con demencia que, hoy ha pronunciado su nutrida sentencia de madre y abuelita con demencia: "Bueno... No es la primera ni la última que se divorcia". Un rayo de luz en medio del caos.

Mientras tanto los medios locales hablan del festejo, de la posibilidad de prohibir la pirotecnia masiva en pro de los animales domésticos y los niños con autismo; de lo difícil que es y será limpiar la sangre mapuche del comunero asesinado de los estandartes del orden, la justicia y la patria. (aún no inventan un quitamanchas hecho de amnesia, me temo); del accidente casero que tuvo Lucía Hiriart, viuda del dictador Pinochet y uno de los pocos símbolos humanos vigente tras el "retorno de la democracia", que, a mi parecer, es una prueba fehaciente más de lo bien que funcionan los sistemas de salud privados. De atenderse en el Sótero, este longevo emblema político, estaría igual de cómoda que ahora, pero reposando dentro de su ánfora sepulcral.

Mañana se vendrán los saludos masivos hipócritas de red social. Las flores tipo gif, los etiquetados "en patota", los abracitos furtivos y esa alegría anestésica momentánea de una noche.
Porque tú lo vales.
Porque el pueblo lo merece.
Y por qué no decirlo, porque es una instancia más para compartir afectos. Afectos auténticos, claro, los demás, son como guirnaldas biodegradables en un patio cualquiera.
Y el martes a recoger y a descansar para continuar los procesos ya comenzados por todos. Me incluyo. Dejaré que el carrusel se vaya apaciguando, y que la selva se despeje hoja a hoja, gota a gota, piedra a piedra.
Más que mal, no es la primera ni será la última, ¿Verdad?
Aunque este año el gato Silvestre cuelgue del tejado.








miércoles, 3 de enero de 2018

Y un nuevo ciclo comienza...


"Cuando el pescador no puede salir de pesca, permanece en su hogar,  reparando sus redes"
Así reza un antiguo consejo proveniente de la cultura egipcia. 
Así comienza para mí, y para muchos, creo yo, este nuevo año 2018. 
Las cosas están siempre en movimiento. las cosas y las personas. He visitado a mis amistades, renovado mi guardarropa, tomado algún helado en solitario y caminado lento en una ciudad acelerada y atestada de gente. Es pronto para mí. es pronto para salir al mar. 
Y mientras yo me dedico a mis reparaciones internas, la sociedad en que vivimos no da tregua a sus propios récords: personas rayando el metro y dejándose grabar y odiar por los pasajeros; Youtubers ingresando en el bosque del suicidio en japón para fotografiarse junto a un cadáver; un ex presidente, bien conocido por sus niveles de frialdad social y temas bancarios reelecto por un electorado temeroso de aquello que desconoce. (Una duda es mucho más poderosa que una verdad) Una campaña de terror bien elaborada con argumentos sencillos y tajantes. 
La tecnología nos ha traído unos disgustos con surtidos sabores y colores. Algunos de ellos incluso con olor. El olor a decadencia de una sociedad que en algunos puntos está ya podrida. No se trata de una manzana sino de millares de ellas. La desinformación de medios masivos, la prostitución ideológica, que suele ser más cruenta que las de otros tipos. la retroalimentación de la falsedad para lograr fuerza social y aprobación  de masas; los inventos de la pseudo ciencia en pro de lucro; mientras la verdadera ciencia combate enfermedades incurables y se desenvuelve en el silencio y el anonimato de laboratorios maltrechos y faltos de recursos. 
Esa es mi sociedad... La que todos construimos con nuestro actuar diario. la que se mueve como una marejada que retrocede y avanza, salvo que esta marejada no es impulsada por fuerzas naturales sino por el interés de unos pocos, que dirigen y re dirigen las directrices de las leyes y del orden. 
Y la ciudadanía, inmersa en la tecnología, consume a diario todo lo que le quieren inculcar. como un obediente hijo que traga todas sus pastillas antidepresivas, sin tener depresión, para que sus padres vivan más tranquilos sin el peso de sus travesuras y su inquietud innata. (heredada de ellos, por cierto) La causa y el efecto, mezclados en un constante vaivén que, muy de vez en cuando, invierte los roles. 
Y las personas no miran al titiritero. Ni siquiera miran las cuerdas, sólo ven a los títeres danzando, entreteniendo y declamando sus planteamientos. 
Es más fácil tener una conciencia dormida e inerte que reflexiva y defensiva. Es más fácil digerir contenido que buscar las fuentes, comparar, pensar, hilvanar ideas propias...y en base a esas ideas seguir construyendo un lugar mejor para vivir. Para las masas, para los tuyos y para los míos. 
Y acá estoy, con las manos en la cintura, observando el mar...porque aún no puedo salir a pescar. 
Pero cuando salga, de seguro no será para estacionarme en la orilla, sino para llegar tan lejos como pueda, según el favor del viento y de mi porfía. 








sábado, 25 de noviembre de 2017

Cambios.


Y los cambios llegan para quedarse.
De pronto, no lo percibes y estás inmerso en una vorágine de ideas, plazos, metas, personas que requieren de tu atención más todos tus yo internos clamando por un poco de aire, porque cuando se viene la ola mutante, no tienes tiempo para esos yo internos y te lo pasas haciéndolos callar y apaciguándolos con "agüita perra" (de limón para mí, por favor).

Las personas optimistas solemos pensar que todo es temporal, especialmente lo que no nos gusta, no obstante, tratamos de animar al resto a ver si algo de ello nos salpica un poco. Como cuando riegas el jardín en un día de calor e intentas que el agua te llegue disimuladamente.

El amplio espectro de ideas de una persona como yo, no facilita las cosas. Trato de proyectar, pero mi proyector está averiado ya que algunas piezas han sido prestadas a mis seres queridos, o sea, no puedo poner alfileres de plan sobre una hoja ocupada y/o con trozos faltantes. Todo parece disiparse muy rápido. La gente parece no entender que sin equipo no hay progreso, hay desgaste: y que el desgaste genera agotamiento y malas decisiones.
El tiempo pasa a velocidad de taco carretero y en ocasiones parece detenerse por completo.
Los altibajos del día a día más ese sabor a incertidumbre se mezclan con la sonora vitalidad de las pequeñas alegrías cotidianas.
Ahí vamos otra vez, a cambiar nuevamente.
Y ahí vamos otra vez...resistiendo, aunque sólo sea un asunto temporal de tiempo incierto.