Conocí a Gaspar hace una semana. Llegué a casa de mi abuelita un día y él estaba sobre el tejado, contemplando los árboles.
Trepé en una silla y me asomé. Sus ojitos celestes me observaron mientras profería un lánguido maullido. Intenté tocarlo pero sus manitos me contuvieron. Tenía las uñas escondidas y comenzó a tomarse de mis dedos con calma y curiosidad. Yo me quedé ahí, admirando su figura delgada, blanca y pequeña, de grandes orejas.
De lejos asemeja una rata de laboratorio gigante. Pero de cerca su carita me inspira una gran ternura.
Ya nos hemos hecho amigos. Cuando me siento en algún sitio, viene y salta sobre mis rodillas. Yo acaricio su pelaje mientras le hablo suavemente como a un niño. Entonces me mira y parece sonreír con agrado.
Yo debería odiar a los gatos.
A ellos les debo el grave problema visual que me aqueja desde antes de nacer. Se trata del Toxoplasma de Gondii, parásito protozoico que se alimenta de células. En mi caso, de las células de mis retinas. Mi madre lo contrajo durante el embarazo debido a su estrecho contacto con los gatos. He sufrido diversas complicaciones durante mi vida, odiosas revisiones médicas, incómodos exámenes y molestas cirugías. Sin embrago, el mal no tiene cura. Todo es protocolar y preventivo.
Y miro los ojitos de Gaspar y me es imposible sentir odio por él o por ningún felino. Son admirablemente hermosos.
Hace poco leía en la web un artículo sobre la Toxoplasmosis, que narraba los hallazgos realizados por científicos de Oxford. Uno de ellos es que debido a cierto "tropismo" presente, genera modificaciones en el ph y preferencias de su portador, produciendo una gran empatía hacia los felinos. Especialmente el gato.
¿Será esto lo que me sucede?
¿Estaré siendo manipulada por este huésped indeseado que cargo desde el vientre de mi madre?
...
Según los expertos ya está comprobado: Se han hecho experimentos con ratas portadoras que al ver al gato, se han quedado allí, esperándolo en lugar de huir.
Francamente, me es extraño saber estas cosas. siempre creí que me gustaban por su belleza y carácter.
Pero si es así o no...no tiene ninguna incidencia en mi vida.
Seguiré sentándome en el jardín de la casa de mi abuelita, con Gaspar en mis piernas, hablándole con cariño mientras disfrutamos de la brisa de los árboles.

k buen relato...y extraño a la vez es casi vivir con una unión de dolor y encanto...(hotaru)
ResponderSuprimirme gusta ^^ hace tiempo que no leia relatos de algun blog. habe si paso mas seguido por aqui
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